Envejecimiento de la Población

La soledad provoca daños cerebrales y la reducción en un 20% del volumen de neuronas de la corteza sensorial

Una nueva investigación añade a los efectos nocivos de la soledad el daño neuronal.


Diferentes estudios ya habían constatado que la soledad en los mayores tiene importantes consecuencias fisiológicas y psicológicas, como son la depresión, los déficits cognitivos o la pérdida de memoria.

Ahora una nueva investigación añade a los efectos nocivos de la soledad el daño neuronal. Así lo indica un estudio realizado por los investigadores de la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, que han presentado sus trabajos en la reunión anual de la Sociedad americana de Neurociencia.

El estudio, realizado con ratas de laboratorio, ha analizado los cambios en las neuronas en las regiones cerebrales asociadas a los efectos conocidos de la soledad con especímenes sujetos a 30 días de aislamiento y soledad.

Los especímenes aislados presentaban una reducción del 20% del volumen de las neuronas asociadas al aislamiento y soledad.

Los investigadores también observaron que durante los primeros días de soledad, el cerebro intenta potenciar las conexiones neuronales para que no se produzcan los efectos nocivos pero pasados 90 días en soledad, ante la evidencia para el cerebro de que el daño ya es inevitable, se deja de intentar reparar esta situación.

Los investigadores también descubrieron otras señales preocupantes, la soledad también reduce la proteína lBDNF, que estimula el crecimiento neuronal. Además se redujo los niveles de la hormona del estrés cortisol y aumentaba el ADN roto en las neuronas.

En las personas, la soledad a largo plazo puede provocar depresión o ansiedad y la capacidad intelectual también se ve afectada. Las personas mayores que viven en soledad experimentan problemas de razonamiento, recuerdo y orientación.

Faltan estudios sobre si estos cambios son reversibles cuando los mayores recuperan la sociabilidad en un entorno social.

Según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) actualmente en España hay cerca de dos millones de mayores que viven solos. Especialmente preocupante es la situación de los 368.400 mayores de 85 años que viven solos y que apenas reciben visitas de personas conocidas de su entorno social.

La soledad es entendida como un contacto poco frecuente con amigos y familiares, insatisfacción con el apoyo recibido y una baja participación social. Ante este panorama es necesario que los diferentes programas de teleasistencia dediquen grandes esfuerzos a disminuir esta sensación de soledad.

El servicio de teleasistencia se convierte en un acompañante para muchos de estos mayores, que ven en el colgante una oportunidad para mantener una conservación. La soledad es uno de los motivos más importantes del uso de la teleasistencia y una gran parte de las comunicaciones se inician por esta sensación de soledad.

El servicio de teleasistencia se convierte en un acompañante para muchos de estos mayores, que ven en el colgante una oportunidad para mantener una conservación. La soledad es uno de los motivos más importantes del uso de la teleasistencia y una gran parte de las comunicaciones se inician por esta sensación de soledad.

Igualmente, la teleasistencia se convierte así en una de las mejores formas de detección de la problemática de la soledad en la que viven muchas personas mayores y conocer de primera mano las circunstancias de las personas mayores e intervenir para evitar situaciones de soledad.

Y es que la soledad no deseada, afecta también a la salud y a la calidad de vida de las personas mayores cómo lo han demostrado los estudios realizados. La soledad es un factor de riesgo para nuestros mayores.


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